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UX & UI . abril 21, 2026

El Doomscrolling de Aza Raskin

El Doomscrolling de Aza Raskin

Usabilidad, Adicción y Retención de Usuarios

¿Alguna vez has entrado a tu red social favorita buscando una información puntual y, al levantar la vista, descubriste que habían pasado cuarenta minutos? Tu dedo realizaba ese movimiento ascendente y constante, devorando imágenes, videos cortos y titulares, en un estado de dopamina absoluta. Esta coreografía hipnótica que millones de personas bailan a diario no es producto de una magia misteriosa. Es el resultado directo y meticulosamente diseñado de una innovación tecnológica tan sutil como implacable: el scroll infinito.

Detrás de esta mecánica, que hoy encontramos en titanes digitales como Instagram, TikTok y Facebook, se esconde una historia de optimización extrema, psicología cognitiva y el profundo remordimiento de su creador. Aza Raskin, un diseñador de interfaces UX/UI, desató sin querer una tormenta sobre la capacidad de atención en toda una generación.


El Asesinato del Botón «Siguiente», y la Búsqueda de la Fluidez

Para dimensionar el impacto de esta invención, es indispensable viajar mentalmente a los inicios de la web moderna. En aquel entonces, la navegación requería un esfuerzo consciente y repetitivo. Cuando leías un blog o explorabas un catálogo en línea, irremediablemente te topabas con el final físico de la página. Allí, como un peaje visual, nos esperaba la tradicional paginación o el clásico botón de «Siguiente».

Aza Raskin, un joven prodigio del UX, observaba esto con evidente frustración. Para su mente, orientada a la eficiencia absoluta, obligar al usuario a detenerse y hacer clic era una fricción inaceptable, un obstáculo que él mismo calificó como «absurda banalidad».

Su objetivo inicial era mejorar la experiencia del usuario creando un flujo ininterrumpido de contenido. La lógica detrás del diseño era brillante: si el lector deseaba continuar consumiendo información, el sistema informático debía anticiparse y cargar la siguiente porción de la pantalla automáticamente. Esto prometía ser la solución definitiva, especialmente para los dispositivos móviles, donde acertar en botones diminutos resultaba tedioso.

 

Recompensas Variables y el Doomscrolling

A nivel puramente técnico, la invención fue un éxito deslumbrante. El problema surgió cuando esa asombrosa fluidez chocó de frente con la vulnerabilidad de la psicología humana. Al eliminar la fricción del clic, Raskin borró del mapa las «señales de detención».

En el mundo físico, un libro termina en su última página, una película con sus créditos y un buen vino entre algunas copas. Esos límites naturales le indican a nuestro cerebro que es momento de decidir si queremos seguir o cambiar de actividad. Sin embargo, quitando estos límites, la mente pierde por completo la brújula del tiempo y la noción de la información que estamos consumiendo

Cada movimiento del dedo activa un sistema de recompensa variable: nunca sabemos qué vendrá a continuación. ¿Será una noticia impactante, un meme hilarante, Publicidad de LAMANTIS o un video cautivador? Esa incertidumbre genera pequeños pero poderosos golpes de dopamina.

Este diseño fomenta el consumo impulsivo, destruye nuestra capacidad de concentración y nos arroja de cabeza al doomscrolling, esa tendencia destructiva a consumir incesantemente contenido negativo o alarmante, incapaces de romper el ciclo por nuestra propia voluntad.
 

El Frankenstein Digital y el Arrepentimiento de Aza Raskin

Es sumamente extraño que los arquitectos de nuestro mundo digital cuestionen en público sus obras más exitosas. No obstante, el caso de Aza Raskin es un ejemplo notable de introspección y ética profesional.

A medida que los años transcurrían, Raskin fue testigo de cómo su invento perdía su propósito original. Las grandes corporaciones no adoptaron el scroll infinito para facilitarnos la vida, sino para capturar y retener nuestra atención de la forma más agresiva posible.

En el año 2018, Raskin rompió el silencio y ofreció una entrevista reveladora a la cadena británica BBC. Confesó sentirse profundamente culpable por haber creado una herramienta tecnológica que atrapa de manera tan efectiva a las personas, provocando que pasen mucho más tiempo del necesario en las distintas aplicaciones.

A pesar del innegable mérito técnico de su creación, Aza enfatizó reiteradamente los graves peligros éticos que implica diseñar funciones orientadas a alimentar una adicción silenciosa.
 

El Estándar de Retención que Nadie Quiere Abandonar

Hoy en día, el panorama es claro. El desplazamiento continuo se ha establecido como un pilar fundamental e inamovible en la industria tecnológica. A pesar de los efectos documentados, y del arrepentimiento público de su propio creador, las plataformas sociales no tienen ninguna intención de revertir esta mecánica.

Aza Raskin intentó honestamente suavizar nuestra navegación diaria eliminando un simple clic, pero terminó diseñando el laberinto perfecto del que todos, en algún momento del día, no queremos o no podemos salir.  
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